martes, 18 de diciembre de 2007

A LOS TRECE, LA AUSENCIA DE LA ADOLESCENCIA


Revisando películas adolescentes y deseando huir de los hits Norteamericanos como "American Pie" que, ni siquiera he visto- Encontré  "Thirteen" o como se tradujo "A los trece". La predilección de un film u otro, muchas veces depende del grado de identificación que logra con el espectador y de allí la potencia argumental que algunos filmes logran; y pensamos que hemos visto una gran película.

"A los trece" es la historia de un paso violento, de la niñez a la juventud. En ese tránsito el film se configura como una película insolente desde la primera escena, dos amigas se golpean luego de que la droga les ha arrebatado la sensibilidad al dolor.

Una madre, un hermano y ella: Tracy que encuentra a una nueva amiga, la más popular del colegio y el deseo sexual de su hermano y de sus amigos, la imagen de la chica exitosa que se desintegra antes que Tracy se de cuenta. Esta trama sencilla y, al parecer, conocida sirve para que Catherine Hardwicke  continúe pulsando una cuerda similar en sus otras producciones. La adolescencia en sus films es uno de los factores que permiten que sus relatos naufraguen, se excedan y se pierdan cuando el cansancio de la irresponsabilidad agota a los personajes. 

La falta de voluntad, el dejarse arrastrar, el irse un rato a dar una vuelta que se hace eterna, el salir a la calle sin saber donde vas, la fascinación por el aspecto y donde el parecerse al otro es lo más preciado en "A los trece"  arma una atmósfera de la que KIDS Y GUMMO de Korine deja referente y rastro. Sin embargo Hardwicke camina por otra vía, una más aceptable,  donde nos ponemos del lado de los padres, de lo "maduro" que al final del filme se destruye quedando -irreversiblemente- entre la niñez y la juventud.

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