
Hace un tiempo resistía la idea de escribir acerca de una telenovela que se ha editado en versión reducida: La Madrastra en DVD. Emotivamente su producción responde a los años en que comence a ver televisión. Tal vez no recuerde nada, pero mi inconsciente parece que ya sabía del whisky, de los cigarrillos y del café que aparecen una y otra vez en escena.
Escribir implica un ejercicio selectivo, que exige referirnos a lo que nos llame la atención o lo que nos aparezca que pueda tener una implicancia contingente que no sólo radique en la emotividad de los recuerdos caseros.
La figura de Aturo Moya Graú se nos aparece cada vez con más fuerza a medida que la edición reducida de la telenovela llega a su fin. Una de las razones de esa atención se emplaza en la construcción de los personajes masculinos. Que podemos dividirlos en tres grandes grupos: el primero de ellos son los galanes imperfectos, determinados por su estar arrojados al amor, o a esa posibilidad. Los segundos pertenecen al grupo de los hombres sabios que están alli para ser ejemplo y experiencia para los demás y por último los hombres que no gozan de estas dos categorías y que son: los fuera del valor.
La clasificación en su análisis puede perder la fuerza del mismo drama pero la intensión es volver a mirarlos como cuerpo, ya que sería la posibilidad de leer a los personajes masculinos de La Madrastra.
Hablaremos del los galanes imperfectos: hombres que poseen un gran defecto y una gran virtud, combinatoria que permite extender sus conflictos y sufrimientos. El ejemplo más notable es el de Leonello, interpretado por Patricio Achurra. Graú se encarga de mostrarnos a un hombre correcto, ejecutivo, serio, trabajador y éxitoso es sus gestiones empresariales. Sin embargo es necesario contrarestar esas posibilidades para hacer entrar al género a la excelencia de personaje que se nos preseneta y, a la vez, humanizarlo.
Leonello es huerfano, se crió bajo la tutela de la familia San Lucas, actuales dueños de la compañia donde es un exitoso director. Su madre fue asesinada cuando él era niño: Patricia y su padre murieron. Este último fue estafado por otros integrantes de la misma empresa asunto que él no lo sabe, al igual que no cree que su madre murió en un accidente. Leonello tiene secretaria personal y puede llegar al maltrato cuando se trata de trabajar. Leonello, no tiene novia, tiene asuntos más importantes. Leonello no expresa sus sentimientos cuando trabaja, solo trabaja. El dolor le arrebato el alma. Dolor que se expresa en su frialdad que debe ser trastocada para poder doblegar su destino y recobrar un pasado.
Sin duda la figura del galán imperfecto no se cumpliría si no pudiese enamorar. Para eso, Claudia, la secretaria perfecta, pasional, explosiva y humilde, poco a poco, va ir conociendo la imperfección que puede convertir a Leonello en uno de esos personajes que Graú deja en esta condición. Tal como Greco, Héctor y Esteban San Lucas en cierta medida.

La Madrastra es un tratado más de como configurar una buena telenovela. Lo que sucede es que, a la luz de nuestros días, parece una rareza verla y disfrutarla desde el género vaciando la emotividad de haberla visto años atrás. Tal vez la generación de los '80 en adelante pueda tener el privilegio de ver un melodrama más puro y verdadero que los pastiches y sofritos de la TV actual que no se reconocen como melodramas y que intentan parecer series de Tv extranjeras antes de descubrir la riqueza cultural de una buena telenovela. Y de mirar hacia atrás para ver que la dramaturgia de television requiere oficio.
2 comentarios:
Es cierto, hoy en día se produce demasiada "basura".
Ese es mi buen aporte..
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