
Hace bastante tiempo que el canal HBO produce películas que de algún modo responden a una contingencia. Fue el caso de Elephant de Gus Van Sant que ponía en escena los momentos previos a un desolador acontecimiento, sin duda que la forma en que fue filmada supera la anécdota y la impulsa a otro escenario, muy distinto al de la producción televisiva. Luego vino una serie de peliculas hechas desde la TV para la TV, pero antes que el film de Van Sant apareciera en la pantalla Hysterical Blindness (2002) marcaría un precedente bastante atractivo que testifica los actuales riesgos de HBO por sus producciones fílmicas.
Ceguera Histérica es la traducción literal de esta película hecha para ser vista, en primera instancia por TV, luego los mecanismos de distribución la llevarían al video club y quizás a cuantos medio de exhibicióna más. Lo concreto es que el formato puede contar con contrataciones envidiables, Ben Gazzara, Rownlands, Thurman, Lewis para narrar un momento en la historia de un grupo de personajes que se desarrollan en contraste con el personaje Debbie, interpretado ferozmente por Thurman. Retomando un tópico que el cine nortemaricano deja muchas veces a un lado: la imposibilidad del amor. Para ello, Mira Nair desarrolla dos relaciones paralelas, la que possee la Madre de Debbie (G. Rownland) con Bobby (B.Gazzara) relación frustada por un irrevocable fin y la que pretende establecer Debbie con un tipo que conoce en el bar del pueblo. El personaje de Thurman está al límite de la inocencia y de la conciencia absoluta de sus intenciones -me inclino por la primera- Debbie cree que comenzar una relación resulta cotidiano, que no se necesita más, sin embargo a su lado esta Beth (Lewis) con una hija a cuestas y unos padres que la protegen de los cuidados que debe tener como madre. Beth resulta ser más reflexiva y convincente a la hora de solucionar los eventos que aparecen.
Es un film de situaciones, de personajes que nos llevan al otro lado de la configuración clásica del drama, resulta ser la herencia de Cassavetes, la historia la tienen los personajes y son ellos los que cambian el rumbo de las situaciones. La emoción, los desafíos, la concepción del amor en nuestros tiempos, la nostalgia por los 80's que hacen de la película un refresco de una moda y de un momento cultural donde Madonna o Cindy Luper podían hacer olvidar, por un instante, que la vida puede ser amarga.
Lo que me queda dando vueltas es la sensación final de la película -que aún no resuelvo- eso es lo mejor del film- la ceguera histérica era solo el pretexto...
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