
Ya no es ningún misterio que a Woody Allen le apasione el jazz y todas sus variantes. Aún así en los soundtrack de sus películas no aparece ese swing de Django Reinhardt o el de Emmet Ray. Sin embargo cuando lo hace se despliegan en un filme con tantas variantes como una pieza de jazz.
A modo de documental de AE mundo, con una cálida impresión fotográfica Allen y otros "expertos" exponen, preliminarmente, algunas observaciones de Emmet Ray; el norteamericano opacado por el gitano Reinhardt. Luego comienza la película. La mezcla mono del audio colabora con la fidelidad musical de la época. Sean Penn interpreta al protagonista delineado gruesamente con la marca del "Yo soy". Tal vez por eso es que los personajes que rodean a Emmet logren complejas interpretaciones en escena. Me refiero a la mudez del personaje de Samantha Morton (tan notable como en Morvern Callar) es en ésta relación donde se determina el centro del filme a pesar del efectivo carácter fragmentario e incierto en fechas y hechos que delinean una "excéntrica" biografía.
La música, el carácter de Ray, el fantasma de Reinhardt, las irrupciones y reflexiones algo anecdóticas entre los segmentos narrativos podrían cumplir una función bastante eficaz, ya que no impulsa una suerte de épica de Emmet Ray sino a situar una historía bastante imprecisa de la vida de un músico errante como su misma película; que tiende, en ocasiones, a configurar la figura de ídolo.
Razón tenía un buen amigo que luego de escuchar las guitarras del grupo chileno "Los Tr3s" hizo aparecer entre las sombras de Roberto Parra y su jazz huachaca al mismísimo Reinhardt.
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